Hace un tiempo sucedió un imprevisto minutos antes de comenzar a dictar un seminario. El cañon se rompió y no habia forma de proyectar el power point que habia preparado!
Habia diagramado todo el seminario en función de ese power point, habia calculado los tiempos de acuerdo a las diapositivas, habia elegido las imagenes más didácticas disponibles... Fui plenamente confiada de que la clase iba a salir genial y que, con tal soporte audovisual, los alumnos iban a entender el tema sin problemas. ¿Pero ahora cómo iba a hacer para dar ese seminario? Debo admitir que en ese momento me horroricé.
Los estudiantes mientras tanto ya estaban todos sentados, listos para escuchar la clase y veían atónitos cómo los ayudantes y yo tratábamos por todos los medios de hacer arrancar el proyector.
Luego de 10 minutos infructuosos, me resigné a la idea de que no iba a poder proyectar nada. Iba a tener que improvisar un nuevo esquema de clase. Agarré la tiza y empece a dar una clase a tiza y pizarrón. Introduje los temas oralmente, hice esquemas simples en el pizarron y se generó una dinámica de ida y vuelta casi impensable con mi esquema de clase con ppt. La clase se diagramo de manera fluida en función de las preguntas de los alumnos, que se mostraron muy activos y partícipes todo el tiempo. En ese momento advertí, para mi sorpresa, que el nivel de comprensión que los alumnos mostraban ante la clase que estaba esbozando a tiza era mayor que el que hubiese imaginado durante la clase que tenia planificada con power point. ¿A qué podía deberse esto?. Quizas ir haciendo lentamente una deducción en el pizarrón permita que los alumnos vayan interpretando paso a paso a su tiempo las deducciones e incluso los tiempos involucrados mientras se escriben y comentan los pasos matemáticos sean los necesarios para que se decanten estos nuevos conceptos en su mente. Esto es dificil de lograr cuando se proyecta un razonamiento en una sola diapositiva en formato power point; generalmente se ve la cara desorientada de los alumnos que no saben por donde empezar a mirar la diapositiva, imposibilitandose el aprendizaje.
La clase que habia empezado de manera tragica terminó siendo un éxito !
En ese momento recordé una situación similar que vivi, en este caso como alumna. El proyector también habia fallado durante un teórico de Fisiopatología. La profesora, que se caracterizaba por sus clases desordenadas y poco didácticas, dio la mejor clase de toda la cursada, esta vez en formato tiza y pizarrón. Uno de los alumnos se lo hizo notar. Para sorpresa de la profesora, comentó que esa clase con tiza había sido infinitamente más clara que las anteriores.
¿Qué habia sucedido? Los conocimientos por parte de los docentes siempre estuvieron, el problema fue la manera de comunicarlos. ¿Acaso a veces, en nuestro afán de usar un power ponit con lo que creemos que es apoyo audiovisual invaluable para la clase, estamos limitando la generación de conocimiento en los alumnos? ¿Nos vemos supeditados a la estructura de un power point que al fin y al cabo puede llegar a conferir rigidez a una clase?
Sin duda el problema no es el power point en sí, sino su modo de uso y el valor que le conferimos. Debemos tener en claro que estas nuevas tecnologías son herramientas, y como tales, un medio, no un fin en sí mismo. ¿Por qué llegamos a la situación de que nos restringen? ¿Por qué ante su falla nos asustamos? Debemos ser muy precisos en el buen eso de las nuevas tecnologías. Su función es el de apoyo a la función educativa y nunca podrán reemplazar los conocimientos que puede impartir un docente con sus instrumentos basicos: la tiza y el pizarrón.

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